jueves, 25 de febrero de 2010

Crisis de lectura en México, sólo 2.9 libros al año


Jueves 18 de febrero de 2010

Según datos de la Encuesta Nacional de Lectura del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), “los mexicanos de 12 años o más en promedio leen 2.9 libros al año”, señaló Sergio Alcocer Martínez de Castro, secretario general de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) durante la inauguración de la XXXI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.


Aunque “el Estado ha instrumentado políticas públicas –como la Reforma Integral de la Educación Básica– para fortalecer y promover la lectura en nuestro país, los lineamientos no deben quedar en papel, pues deberían aplicarse de manera permanente y convertirse en acciones de largo plazo y en todos los regímenes de gobierno”, aseguró Juan Luis Arzoz Arbide, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem).


De ahí que “la importancia de las ferias de libros en nuestros días sea evidente, pues mitigan parcialmente la crítica falta de librerías en nuestro país”, sostuvo ayer José Gonzalo Guerrero Zepeda, director de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).


Por consiguiente, si “el libro ha sido a lo largo de la historia de la civilización el instrumento principal de la transmisión del conocimiento”, como lo distinguió el secretario general de la UNAM, “estos importantes foros son la oportunidad magnífica para hablar de la industria editorial mexicana, sus debilidades y fortalezas, sus éxitos y fracasos; los problemas que afectan su crecimiento y desarrollo”, reconoció el director de la Caniem.


En esta feria edición 31, el 35% de las mil 90 actividades culturales que tienen lugar en este recinto son generadas por dependencias de la UNAM, en contraste con el 3% de 200 actividades que tenían lugar hace apenas 10 años. Esto la convierte en la “feria de todos los universitarios y un clásico de la ciudad de México”, subrayó el encargado de la Facultad de Ingeniería de la UNAM.


Destacan las publicaciones de carácter científico como una sección permanente en la edición de esta feria planeada a partir del gran interés mostrado por la población acerca de temas como “El genoma humano” en 2008 y “Darwin” en 2009. Este año le corresponde a la biodiversidad en México y de ello el estado invitado –Michoacán– tiene mucho qué brindar en las más de 70 actividades que ofrecerá en estos días.


También, con la participación de la Universidad Veracruzana, la feria se honra con la presencia de la República de Chile a través del encuentro “Algún día en cualquier parte. Bicentenario: Letras de Chile y México”, el cual se llevará a cabo del 21 al 24 de febrero y será abierto por el escritor Carlos Fuentes.


Además, la feria no descuidará las celebraciones del año 2010: el bicentenario de la Independencia Nacional, el centenario de la Revolución Mexicana y el centenario de la Universidad Nacional Autónoma de México, ya que –como lo mencionó José Gonzalo Guerrero Zepeda– “la verdadera independencia se da cuando se tiene cultura y conocimiento” a través de los libros.


La Facultad de Ingeniería de la UNAM, pionera en 1980 estableció la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería; esto sin olvidar que las raíces de este evento se remontan al año de 1924, fecha de la realización de una primera feria en esta sede dirigida por José Vasconcelos y organizada por Jaime Torres Bodet.


Al respecto, el secretario de cultura del estado de Michoacán, Jaime Hernández Díaz aseguró que Michoacán ha sido cuna de escritores quienes ilustran la naturaleza, cultura e historia del ser de esta entidad, gracias a su fortaleza y honradez que les ha permitido ser un “escenario de los hechos de la historia que han definido la conformación y el rumbo del país”.


Sus más de mil las actividades que se llevarán a cabo en esta feria, entre ellas destacan las jornadas juveniles, la celebración de efemérides y la presencia de las más de 600 casas editoriales nacionales y extranjeras que estarán del 17 al 28 de febrero en la XXXI Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería en el Centro Histórico de la ciudad de México.

lunes, 15 de febrero de 2010

La labor editorial: publicar libros

Un libro, tan inocente e inofensivo. En su interior guarda una historia que de no haberse fabricado, nadie podría leer sus entrañas. Podríamos preguntarnos entonces, ¿cuál es la importancia de la publicación de libros?


Datus Smith C., Jr propone algunas respuestas a esta interrogante. En primera instancia, porque “los libros son las mejores herramientas de la educación” (Smith, 1991:15) y, por ende, de la comunicación. Sin ésta, no podríamos transmitir nuestras ideas y, por tanto, no aprehenderíamos las ideas sin un soporte como lo es el libro.


Un segundo punto indica que crear libros “responde a las necesidades y a los intereses del lector” (Smith, 1991:15), de ahí que una de las funciones más relevantes del rol del editor es ésa: conocer cuáles son las necesidades del público respecto a lo que los autores pueden ofrecer y, por ende, buscar la mejor vía que les permita reforzar el triángulo: autor, editor, lector.


Otro más indica el disfrute del recién adquirido libro y las sensaciones que esto ocasiona: el placer de sacarlo de su envoltura (si la tiene); sentirlo, palparlo; ojearlo; olerlo; ponerlo frente a uno y contemplarlo. “Es mi libro”, ésa es la verdad.


A esto sumémosle la importancia de la lectura realizada por iniciativa propia. De acuerdo con mi percepción es la mejor forma de cultivarse, de viajar a otros mundos, de descubrirse. No hay nada mejor que hartarse de los textos académicos y buscar el escape de la mente en aquel libro que por alguna extraña razón traemos en nuestra mochila (caso 1). También existe gente que para matar el ocio mientras espera a alguien se pone a leer (caso 2); la hay aquella que siempre trae un libro en su bolsa como método de seguridad personal –por si alguien se le acerca, tiene con qué golpearlo– (caso 3); y aquél que lo trae y nunca lo lee (caso perdido).

Ahora bien, si el hábito se ha forjado en el sujeto(s) en cuestión y se está consciente de los grandes beneficios que la producción de este bien genera, contar con una empresa editorial requiere de una vasta información: costos de papel, maquinaria necesaria, material gráfico de la impresión, establecimiento en bibliotecas y/o librerías, etcétera.


Todo esto a partir de que el libro, como bien cultural, es un ente determinado por la planeación, producción, distribución y disponibilidad del mismo en un mercado, con la finalidad de incentivar un consumo, a través del cual se construyan “significados y sentidos del vivir, a través de la apropiación y uso de bienes” (Douglas e Isherwood en Sunkel, 2006:25). Así, no sólo existe un consumo material, sino simbólico.


Pero para producirlo, ¿qué se requiere? Se necesitan de muchas manos para que llegue a un par (de preferencia más). Apunte: Con un rol específico e imprescindible, se solicita la presencia de un autor (sin su producto, dícese manuscrito, no tendríamos qué publicar), un impresor (que convierta físicamente el bien en un ente tangible), un vendedor (que distribuya y expenda los ejemplares) y, naturalmente, un editor.


De acuerdo con Smith, la función de este último personaje responde a asumir “la tarea de estratega y organizador del esfuerzo conjunto, reúne a los tres primeros elementos y, generalmente, corre los riesgos comerciales” (Smith, 1991:18).


Además de estas características, el editor trabaja conjuntamente con el autor de manera creativa para presentar información precisa que pueda modificar el manuscrito original y darle un mejor pulido al trabajo antes de que se imprima. Evidentemente, el grado de confianza que exista entre ambos personajes será determinante para que el autor le permita al editor meter su cuchara.


Un excelente ejemplo se presenta en la literatura norteamericana de 1915 con dos grandes poetas: Ezra Pound y T.S. Eliot. Quienes conozcan la majestuosidad de la poesía de Eliot, en realidad su grandeza se fundamenta en el ojo crítico de Pound, ya que él fue el editor de Eliot. Ezra Pound destajó los textos de Eliot y los rehízo en su gran mayoría convirtiéndolos en una maravilla.


Continuando con los actores del acto de la producción de libros, no hay que olvidar a los traductores, correctores de estilo, dibujantes, diseñadores y más que se encargan de completar y posibilitar la afrenta de la realización editorial, la cual de ninguna forma implica un proceso sencillo e improvisado; es un arte que requiere del trabajo conjunto y eficaz de cada actor para dar a luz a un pequeñín llamado libro.















La prueba final es qué podemos hacer por nosostros mismos.
-Datus C. Smith, Jr.


REFERENCIAS

-SMITH, Datus C. Jr. Guía para la publicación de libros. Universidad de Guadalajara, México. 1991. [Documento en .pdf].

-SUNKEL, Guillermo (coord.). El consumo cultural en América Latina: Construcción teórica y líneas de investigación. 2ª edición. Convenio Andrés Bello, Bogotá. 2006.


jueves, 11 de febrero de 2010

¿Quién da más: impreso o pixeleado?

De acuerdo con Daniel Cassany, “con la grafía el habla se cosifica, despersonaliza, descontextualiza, objetivisa” (Cassany, 2000:3). Precisamente con un texto, uno es capaz de estructurar las ideas que –hasta ese momento– no son más que de entes flotando en el interior de nuestras cabezas, y es en ese preciso instante cuando se materializa; cobra vida.


¿Qué haríamos hoy sin todos aquellos documentos que se han escrito desde hace siglos atrás? ¿Sería tan fácil conocer nuestra historia como humanidad? Al contrario. No obstante, ahí están: todo el conocimiento encerrado en un soporte tradicional conocido como papel.


Pero, ¿qué sucede en nuestros años? Daniel Cassany señala que existe en el presente siglo una “expansión del soporte digital del lenguaje (computadoras, pantallas, teclados, internet, etc.) como complemento o sustituto del soporte analógico tradicional (sonidos, ondas hercianas, papel, libros, etc.) (Cassany, 2000:3).


Sin duda, estamos siendo testigos de dicho crecimiento, mas no considero que funja como sustituto puesto que, aunque el uso de las nuevas tecnologías (TIC) permitan facilitar la vida humana del siglo XXI, no la sustituyen del todo. Sí actúan en definitiva como una base en la cual es posible mejorar e integrar de manera óptima el aprendizaje cotidiano, pero viene a mi mente el aroma de un libro recién comprado o, por qué no, el de uno viejo; no hay cómo hojearlos, sentirlos en nuestras manos; palparlos, olerlos.


Las generaciones presentan nuevas necesidades, las cuales hay que satisfacer así como lo demanda el mundo laboral. No hay mejor ejemplo que decir: “Henos aquí, en un medio electrónico”, compartiendo nuestras experiencias con ustedes lectores.


Entonces Cassany tiene razón: el mundo digital “posibilita el desarrollo de comunidades basadas en cualquier tipo de propósito o actividad, más allá de las ʻfronterasʼ tradicionales” (Cassany, 2000:5). Quizá usted lector no viva en esta ciudad, ni en este país; quizá sí, pero no está físicamente junto a mí sino frente a su monitor leyendo este texto que le puede resultar interesante, y es ahí donde las fronteras desaparecen.


Este hecho refuerza que el apoyo tecnológico está presente; sin embargo, el uso del texto (físicamente hablando como apoyo analógico) no deja de existir –situación que ni por equivocación podría dejar de hacer–.


A este escenario similar, es la que se enfrenta el libro hoy en día. Los llamados e-books o libros electrónicos han comenzado a insertarse en el mundo de los bienes culturales. Los mercados para estos libros van ganando terreno poco a poco.


En el caso de los e-books, tal como lo afirmó Federico Hernández Pacheco, quien ocupa la Dirección General de Bibliotecas, “apostaremos por las nuevas tecnologías, sin olvidar el papel trascendental del libro. Tenemos que adaptarnos a los tiempos actuales y ver que el gusto ahora es también por lo electrónico, por lo digital” (El Universal, 2008).


En países como España, el libro electrónico se hace cada vez más común, pero todavía no ha penetrado en el mercado con tanta potencia por la misma fidelidad que el lector tiene hacia la versión impresa. De ahí que no fuese en vano que en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara del 2008, fuese presentada una librería de e-books en español con más de diez mil títulos de más de 200 editoriales” (Etcétera, 2009).


En México, según cálculos de Pedro Huerta, director de Random House Mondadori en México, señalan que “para 2018, 90% de ediciones técnicas y de texto se venderán en formato electrónico y únicamente 10% en papel; los temas generales y la literatura presentarán estas mismas cifras pero invertidas” (Etcétera, 2009).


Mientras tanto, a ocho años de corroborar si resulta cierto o no, yo mientras aún no decido cuál sabe mejor: El helado deshidratado de la NASA o el frío que siempre se me chorrea y se embarra en el pantalón.




REFERENCIAS
-CASSANY, Daniel. “De lo analógico a lo digital. El futuro de la enseñanza de la composición”, en Lectura y vida. Revista Latinoamericana de Lectura. Junio 2000, 21(2). [Documento .pdf] Págs. 2-11.

-CEBALLOS, Miguel Ángel. “La apuesta es por los libros digitales”, en El Universal. Lunes 4 de febrero de 2008. Obtenido de: http://www.eluniversal.com.mx/cultura/55271.html [Consulta: 11 de febrero de 2010].
-DÍAZ Rodríguez, Verónica. “E-books: la lectura del futuro”, en Etcétera. 1 de marzo de 2009. Obtenido de: http://www.etcetera.com.mx/articulo.php?articulo=693 [Consulta: 11 de febrero de 2010].


lunes, 8 de febrero de 2010

El libro de porcelana: En México si lo lees, se rompe


Un libro, una voz que si no se escucha queda en cautiverio. Huérfano de padres, las librerías lo acogen y lo ponen en adopción. El problema es que en México son pocos los aventurados en apadrinar a estos pequeños.


De acuerdo con la Encuesta Nacional de Lectura 2006, “el promedio de libros leídos en el año es de 2.9, con cifras superiores para los jóvenes de 18 a 22 años (4.2), los mexicanos con educación universitaria (5.1) y los de niveles socioeconómicos medio alto y alto (7.2)” (CONACULTA, 2006).


Dicho parámetro –aunque en lo absoluto alentador– pone en evidencia las carencias que como país tenemos. En primera instancia, la sociedad mexicana no posee el hábito de leer y es entonces cuando deberíamos de retomar la interrogante que nos plantea Carlos Monsiváis: “¿Ha disminuido el hábito de la lectura? Tal vez sí, y uso el tal vez porque según mi experiencia, antes tampoco se leía mucho” (Monsiváis, 2004:3), por lo que debemos de cuestionarnos ¿en qué tipo de sociedad nos ha tocado vivir?


Esto nos lleva a un segundo punto: ¿Existe o no una preferencia hacia los medios audiovisuales como la radio y, principalmente, la televisión? Si la respuesta es afirmativa –como lo asegura Donis A. Dondis–, “predomina lo visual; y lo verbal viene dado por añadidura. El impreso no ha muerto ni seguramente morirá jamás, pero, con todo, nuestra cultura, dominada por el lenguaje, se ha desplazado perceptiblemente hacia lo icónico” (Dondis, 2004:19), no hay más: somos ese
homo videns que nos plantea Giovanni Sartori.


Pero si por el contrario la réplica es negativa, ¿cuál es el problema? Monsiváis señala varios de los posibles factores que son capaces de ilustrar esta interrogante: “La falta de hábito social y familiar de la lectura, el desinterés de los gobiernos, la ausencia en la educación básica de la recomendación de libros, la decisión (involuntaria) de considerar bibliotecas y librerías espacios hostiles y extraños” (Monsiváis, 2004:3), aunado al alto precio de gran parte de los libros que los hacen aún más inaccesibles. Esto conlleva a la piratería y al llamado “grado xerox de la lectura” (Monsiváis, 2004:8); es decir, al hecho de fotocopiar los textos, en vez de adquirirlos.


Dejando a un lado el oscuro panorama de los libros en nuestro país, el libro ofrece infinidad de beneficios: “Gracias a la lectura, cada persona se multiplica a lo largo del día” (Monsiváis, 2004:3), viaja a través de mundos desconocidos, conoce nuevas formas de pensar y sentir, amplía su vocabulario.


“Por unas horas, esas páginas le modificaron la vida y lo hicieron distinto. ¿Qué más se quiere que la pérdida legítima de identidad durante un tiempo de hechizamiento?” (Monsiváis, 2004:4). Y es que sucede que, cuando uno como lector se inserta a la historia que nos es narrada, sucede algo mágico: nos convertimos en el personaje que es capaz de hacer lo que nosotros quizá no haríamos; desde misántropos y encontrar una compañía fiel en un burdel como Lord Byron, hasta introvertidos y arrojarnos a las vías del tren, como Ana Karenina.


De esta manera, hago una atenta invitación a todos nuestros lectores a no olvidar cuán importante es el libro a pesar de los obstáculos que hemos descrito línea arriba, y que no serán fáciles de erradicar; mas forjando el hábito de la lectura por nuestra propia iniciativa nos traerá mayores beneficios que dejar empolvados a los libros en algún rincón de nuestras casas.



REFERENCIAS
-CONACULTA. (2006). “Resumen de resultados de la Encuesta Nacional de Lectura 2006”. [Documento .pdf en línea] Obtenido de: http://www.contorno.org.mx/pdfs_reporte/Julio/resumen.pdf Acceso: 24 de abril de 2009.
-DONDIS, Donis A.
La sintaxis de la imagen: Introducción al alfabeto visual. Gustavo Gili, Barcelona. 2004.
-MONSIVÁIS, Carlos. “Elogio (innecesario) de los libros”. [Documento .pdf] Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM. 2004.


martes, 2 de febrero de 2010

¡Bienvenidos!

(Glaciar Spegazzini. Parque Nacional Los Glaciares, Argentina.)

Bienvenidos a este blog, cuya principal finalidad es publicar aquellos trabajos que se producirán a lo largo de la materia Planeación y Organización de Empresas Editoriales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, aunado al producto literario fruto de mi cosecha.

¡Espero que lo disfruten tanto como yo!