jueves, 11 de febrero de 2010

¿Quién da más: impreso o pixeleado?

De acuerdo con Daniel Cassany, “con la grafía el habla se cosifica, despersonaliza, descontextualiza, objetivisa” (Cassany, 2000:3). Precisamente con un texto, uno es capaz de estructurar las ideas que –hasta ese momento– no son más que de entes flotando en el interior de nuestras cabezas, y es en ese preciso instante cuando se materializa; cobra vida.


¿Qué haríamos hoy sin todos aquellos documentos que se han escrito desde hace siglos atrás? ¿Sería tan fácil conocer nuestra historia como humanidad? Al contrario. No obstante, ahí están: todo el conocimiento encerrado en un soporte tradicional conocido como papel.


Pero, ¿qué sucede en nuestros años? Daniel Cassany señala que existe en el presente siglo una “expansión del soporte digital del lenguaje (computadoras, pantallas, teclados, internet, etc.) como complemento o sustituto del soporte analógico tradicional (sonidos, ondas hercianas, papel, libros, etc.) (Cassany, 2000:3).


Sin duda, estamos siendo testigos de dicho crecimiento, mas no considero que funja como sustituto puesto que, aunque el uso de las nuevas tecnologías (TIC) permitan facilitar la vida humana del siglo XXI, no la sustituyen del todo. Sí actúan en definitiva como una base en la cual es posible mejorar e integrar de manera óptima el aprendizaje cotidiano, pero viene a mi mente el aroma de un libro recién comprado o, por qué no, el de uno viejo; no hay cómo hojearlos, sentirlos en nuestras manos; palparlos, olerlos.


Las generaciones presentan nuevas necesidades, las cuales hay que satisfacer así como lo demanda el mundo laboral. No hay mejor ejemplo que decir: “Henos aquí, en un medio electrónico”, compartiendo nuestras experiencias con ustedes lectores.


Entonces Cassany tiene razón: el mundo digital “posibilita el desarrollo de comunidades basadas en cualquier tipo de propósito o actividad, más allá de las ʻfronterasʼ tradicionales” (Cassany, 2000:5). Quizá usted lector no viva en esta ciudad, ni en este país; quizá sí, pero no está físicamente junto a mí sino frente a su monitor leyendo este texto que le puede resultar interesante, y es ahí donde las fronteras desaparecen.


Este hecho refuerza que el apoyo tecnológico está presente; sin embargo, el uso del texto (físicamente hablando como apoyo analógico) no deja de existir –situación que ni por equivocación podría dejar de hacer–.


A este escenario similar, es la que se enfrenta el libro hoy en día. Los llamados e-books o libros electrónicos han comenzado a insertarse en el mundo de los bienes culturales. Los mercados para estos libros van ganando terreno poco a poco.


En el caso de los e-books, tal como lo afirmó Federico Hernández Pacheco, quien ocupa la Dirección General de Bibliotecas, “apostaremos por las nuevas tecnologías, sin olvidar el papel trascendental del libro. Tenemos que adaptarnos a los tiempos actuales y ver que el gusto ahora es también por lo electrónico, por lo digital” (El Universal, 2008).


En países como España, el libro electrónico se hace cada vez más común, pero todavía no ha penetrado en el mercado con tanta potencia por la misma fidelidad que el lector tiene hacia la versión impresa. De ahí que no fuese en vano que en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara del 2008, fuese presentada una librería de e-books en español con más de diez mil títulos de más de 200 editoriales” (Etcétera, 2009).


En México, según cálculos de Pedro Huerta, director de Random House Mondadori en México, señalan que “para 2018, 90% de ediciones técnicas y de texto se venderán en formato electrónico y únicamente 10% en papel; los temas generales y la literatura presentarán estas mismas cifras pero invertidas” (Etcétera, 2009).


Mientras tanto, a ocho años de corroborar si resulta cierto o no, yo mientras aún no decido cuál sabe mejor: El helado deshidratado de la NASA o el frío que siempre se me chorrea y se embarra en el pantalón.




REFERENCIAS
-CASSANY, Daniel. “De lo analógico a lo digital. El futuro de la enseñanza de la composición”, en Lectura y vida. Revista Latinoamericana de Lectura. Junio 2000, 21(2). [Documento .pdf] Págs. 2-11.

-CEBALLOS, Miguel Ángel. “La apuesta es por los libros digitales”, en El Universal. Lunes 4 de febrero de 2008. Obtenido de: http://www.eluniversal.com.mx/cultura/55271.html [Consulta: 11 de febrero de 2010].
-DÍAZ Rodríguez, Verónica. “E-books: la lectura del futuro”, en Etcétera. 1 de marzo de 2009. Obtenido de: http://www.etcetera.com.mx/articulo.php?articulo=693 [Consulta: 11 de febrero de 2010].


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