Un libro, tan inocente e inofensivo. En su interior guarda una historia que de no haberse fabricado, nadie podría leer sus entrañas. Podríamos preguntarnos entonces, ¿cuál es la importancia de la publicación de libros?
Todo esto a partir de que el libro, como bien cultural, es un ente determinado por la planeación, producción, distribución y disponibilidad del mismo en un mercado, con la finalidad de incentivar un consumo, a través del cual se construyan “significados y sentidos del vivir, a través de la apropiación y uso de bienes” (Douglas e Isherwood en Sunkel, 2006:25). Así, no sólo existe un consumo material, sino simbólico.
Pero para producirlo, ¿qué se requiere? Se necesitan de muchas manos para que llegue a un par (de preferencia más). Apunte: Con un rol específico e imprescindible, se solicita la presencia de un autor (sin su producto, dícese manuscrito, no tendríamos qué publicar), un impresor (que convierta físicamente el bien en un ente tangible), un vendedor (que distribuya y expenda los ejemplares) y, naturalmente, un editor.
De acuerdo con Smith, la función de este último personaje responde a asumir “la tarea de estratega y organizador del esfuerzo conjunto, reúne a los tres primeros elementos y, generalmente, corre los riesgos comerciales” (Smith, 1991:18).
Además de estas características, el editor trabaja conjuntamente con el autor de manera creativa para presentar información precisa que pueda modificar el manuscrito original y darle un mejor pulido al trabajo antes de que se imprima. Evidentemente, el grado de confianza que exista entre ambos personajes será determinante para que el autor le permita al editor meter su cuchara.
Un excelente ejemplo se presenta en la literatura norteamericana de 1915 con dos grandes poetas: Ezra Pound y T.S. Eliot. Quienes conozcan la majestuosidad de la poesía de Eliot, en realidad su grandeza se fundamenta en el ojo crítico de Pound, ya que él fue el editor de Eliot. Ezra Pound destajó los textos de Eliot y los rehízo en su gran mayoría convirtiéndolos en una maravilla.
Continuando con los actores del acto de la producción de libros, no hay que olvidar a los traductores, correctores de estilo, dibujantes, diseñadores y más que se encargan de completar y posibilitar la afrenta de la realización editorial, la cual de ninguna forma implica un proceso sencillo e improvisado; es un arte que requiere del trabajo conjunto y eficaz de cada actor para dar a luz a un pequeñín llamado libro.
REFERENCIAS
-SUNKEL, Guillermo (coord.). El consumo cultural en América Latina: Construcción teórica y líneas de investigación. 2ª edición. Convenio Andrés Bello, Bogotá. 2006.



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