martes, 9 de marzo de 2010

Con la idea nace el libro

En ocasiones los sueños tienen la capacidad de generar en nosotros la curiosidad de saber qué pasaría si algunos de ellos los pudiésemos volver realidad. ¿Quién no ha querido volar? Leonardo da Vinci lo deseaba mucho. Cuando era un niño estaba recostado y un ave bajó y tocó sus labios con la cola. Quizá fue a partir de ahí que soñó con poder volar. Él tenía la idea, pero ¿cómo hacerlo un hecho? Da Vinci comenzó investigando acerca de cuáles serían las alas perfectas para su máquina voladora: si las de plumas o de membranas. Entonces durante horas observó el vuelo de las aves, experimentó con las alas de aves disecadas e hizo un sinfín de anotaciones precisas.



En la labor editorial sucede algo similar. Si no hay una idea, ¿cómo se producirá un libro? Datus Smith menciona que el editor debe ser un sujeto activo que esté consciente que en sus manos está el producir libros, por lo que debe estar atento a las necesidades del mercado en el que se mueve.


“El editor que se sienta a esperar la aparición de autores y traductores con manuscritos terminará publicando un catálogo por notable de libros y obtendrá pocas ganancias” (Datus, 1991:54). Un editor, bajo ninguna circunstancia puede ser un ente pasivo, silenciosos, desapercibido; de lo contrario, ¿quién mediaría al lector con el autor? Ésa es su chamba: hay que salir a buscar los manuscritos, crear nuevos proyectos, conocer las necesidades de su público y, por ende, de su mercado.


Justamente, parte de todo este proceso recibe el nombre de desarrollo editorial, es decir, “la materialización de las ideas en libros” (Datus, 1991:54), donde es de suma importancia llevarlo a cabo de la mejor manera para obtener un producto final asequible a las necesidades de los lectores. Sin embargo, para poder hacerlo realidad existen hartas actividades que llevarán al editor a tomar la mejor decisión al momento de publicar un manuscrito.


Datus apunta acertadamente: “En la toma de decisiones el editor inteligente no hace el trabajo solo” (Datus, 1991:55). Finalmente la labor editorial es un trabajo en equipo, donde es necesario mantener una óptima condición entre el editor, con los productores, redactores, correctores, traductores, publicistas, vendedores, etcétera.


Para lograr esto, lo primero es contar con el manuscrito (texto) que se planea publicar. El manejo de dicho manuscrito debe estar metódicamente planeado, puesto que a partir de su tratamiento, una de las labores editoriales más trascendentes depende de éste: “la decisión de publicar o no el libro” (Datus, 1991:56).


Pero a fin de cuentas, ¿qué criterios utiliza el editor para determinar si un manuscrito se publica o no? Antes que nada hay que recordar que la revisión minuciosa de todos los manuscritos que llegan a las manos de la empresa editorial requieren de tiempo y recursos para analizar cada uno de ellos, por lo que su elección puede depender de los siguientes factores: insertarse dentro de alguna de las temáticas que le interesen a la empresa; la extensión, la calidad, la coherencia entre el texto y la idea planteada; la ortografía.


Llega a suceder que “hasta la mitad o dos terceras partes de los manuscritos entregados puedan ser rechazados de antemano por este tipo de inconvenientes” (Datus, 1991:57). Tenga mucho cuidado, no querrá pertenecer a este dato estadístico, mejor indague acerca de las necesidades de la casa editorial y compárelas con las suyas para lograr encontrar un punto intermedio donde su manuscrito sea factible de ser aceptado (aunado a los demás factores que ya se han mencionado).


Una vez que su manuscrito haya superado la primera prueba de la selección, éste deberá ser sometido a una primera lectura y, si es posible, pasarse a un consultor quien se encargará de determinar si en efecto vale o no la pena la publicación del texto debido a que él es un especialista en la materia que usted está planteando.


Y si se supera todavía esta etapa, hay que estar a merced de los préstamos que se les otorgan a las casas editoriales en los países en vías de desarrollo (como lo es el nuestro), pues si se restringe el capital, la producción, el papel y la capacidad de impresión se disminuyen, por lo que usted puede no verse beneficiado.


Es así que el editor debe estar preparado en diversos ámbitos para poder tomar la decisión correcta de publicación. Por lo tanto, las características de este personaje deben incluir: cultura general, especialización, sensibilización suficiente para conocer el mercado (producción y ventas), así como la capacidad de toma de decisiones.


No obstante, al hablar de ésta última, es importante señalar que “los editores no tienen que publicar todo tipo de libros” (Datus, 1991:60), para lo que existen diversos editores, cada uno especializado en su propia línea, ya que para cada consejo editorial, ése “es (su) tipo de libro” (Datus, 1991:60).


Y gracias a esta particular especialización de cada editor es que se conforma lo que Datus llama “personalidad e integridad corporativa” (Datus, 1991:60). Una editorial puede adquirir prestigio a partir del material que decide publicar (buena o mala) y esto en gran medida puede llegar a determinar los ingresos que adquiere a partir de la compra del lector, quien por encima de todos, es quien tiene el veredicto final.


Ahora bien, ¿cómo llega el manuscrito a la editorial? Para conocer la repuesta es necesario explorar las opciones disponibles. Bien pueden sugerirse entre el personal de la empresa editorial las recomendaciones que saben al respecto o bien, el agente literario que tiene recomendaciones acerca de determinada editorial llega a ella a entregar el manuscrito del autor para el que trabajan directamente; también existe n personas que son designadas por el editor para estar al pendiente sobre qué temas necesitan publicarse o qué es lo que requiere el mercado.

Aun con estas opciones, una de las formas que en estos tiempos se explota más es a través de los premios que otorgan las editoriales como Alfaguara y Planeta o bien, como el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, cuyo galardón se otorga durante la realización de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, otorgados a cualquier género de la literatura: poesía, novela, teatro, cuento o ensayo literario.

También es importante mencionar que una vez que la empresa editorial a lo largo de los años se mantiene y madura (interna y externamente), será oportuno llevar a cabo un proyecto de desarrollo que incluya series o colecciones, donde será posible realizar una inversión más potente, esperando que ésta sea igual de redituable. Resulta necesario que el editor planee con suma puntualidad y organización cuándo y cuánto dinero ha invertido en los costos del ingreso para, posteriormente, recuperar el financiamiento original.

Es así que la labor editorial no puede dimensionarse como un proceso sencillo y mucho menos ingenuo, puesto que el producto final (libro) tiene toda una historia detrás; la materialización de la idea implica tiempo, dinero y planificación minuciosa que el editor coordina y fortalece a través de la ayuda conjunta del resto del equipo editorial.


REFERENCIA
Datus C. Smith. “Desarrollo editorial: de la idea al libro”, en Guía para la publicación de libros. UdeG/ASEDIES-México, 1991.



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