lunes, 8 de febrero de 2010

El libro de porcelana: En México si lo lees, se rompe


Un libro, una voz que si no se escucha queda en cautiverio. Huérfano de padres, las librerías lo acogen y lo ponen en adopción. El problema es que en México son pocos los aventurados en apadrinar a estos pequeños.


De acuerdo con la Encuesta Nacional de Lectura 2006, “el promedio de libros leídos en el año es de 2.9, con cifras superiores para los jóvenes de 18 a 22 años (4.2), los mexicanos con educación universitaria (5.1) y los de niveles socioeconómicos medio alto y alto (7.2)” (CONACULTA, 2006).


Dicho parámetro –aunque en lo absoluto alentador– pone en evidencia las carencias que como país tenemos. En primera instancia, la sociedad mexicana no posee el hábito de leer y es entonces cuando deberíamos de retomar la interrogante que nos plantea Carlos Monsiváis: “¿Ha disminuido el hábito de la lectura? Tal vez sí, y uso el tal vez porque según mi experiencia, antes tampoco se leía mucho” (Monsiváis, 2004:3), por lo que debemos de cuestionarnos ¿en qué tipo de sociedad nos ha tocado vivir?


Esto nos lleva a un segundo punto: ¿Existe o no una preferencia hacia los medios audiovisuales como la radio y, principalmente, la televisión? Si la respuesta es afirmativa –como lo asegura Donis A. Dondis–, “predomina lo visual; y lo verbal viene dado por añadidura. El impreso no ha muerto ni seguramente morirá jamás, pero, con todo, nuestra cultura, dominada por el lenguaje, se ha desplazado perceptiblemente hacia lo icónico” (Dondis, 2004:19), no hay más: somos ese
homo videns que nos plantea Giovanni Sartori.


Pero si por el contrario la réplica es negativa, ¿cuál es el problema? Monsiváis señala varios de los posibles factores que son capaces de ilustrar esta interrogante: “La falta de hábito social y familiar de la lectura, el desinterés de los gobiernos, la ausencia en la educación básica de la recomendación de libros, la decisión (involuntaria) de considerar bibliotecas y librerías espacios hostiles y extraños” (Monsiváis, 2004:3), aunado al alto precio de gran parte de los libros que los hacen aún más inaccesibles. Esto conlleva a la piratería y al llamado “grado xerox de la lectura” (Monsiváis, 2004:8); es decir, al hecho de fotocopiar los textos, en vez de adquirirlos.


Dejando a un lado el oscuro panorama de los libros en nuestro país, el libro ofrece infinidad de beneficios: “Gracias a la lectura, cada persona se multiplica a lo largo del día” (Monsiváis, 2004:3), viaja a través de mundos desconocidos, conoce nuevas formas de pensar y sentir, amplía su vocabulario.


“Por unas horas, esas páginas le modificaron la vida y lo hicieron distinto. ¿Qué más se quiere que la pérdida legítima de identidad durante un tiempo de hechizamiento?” (Monsiváis, 2004:4). Y es que sucede que, cuando uno como lector se inserta a la historia que nos es narrada, sucede algo mágico: nos convertimos en el personaje que es capaz de hacer lo que nosotros quizá no haríamos; desde misántropos y encontrar una compañía fiel en un burdel como Lord Byron, hasta introvertidos y arrojarnos a las vías del tren, como Ana Karenina.


De esta manera, hago una atenta invitación a todos nuestros lectores a no olvidar cuán importante es el libro a pesar de los obstáculos que hemos descrito línea arriba, y que no serán fáciles de erradicar; mas forjando el hábito de la lectura por nuestra propia iniciativa nos traerá mayores beneficios que dejar empolvados a los libros en algún rincón de nuestras casas.



REFERENCIAS
-CONACULTA. (2006). “Resumen de resultados de la Encuesta Nacional de Lectura 2006”. [Documento .pdf en línea] Obtenido de: http://www.contorno.org.mx/pdfs_reporte/Julio/resumen.pdf Acceso: 24 de abril de 2009.
-DONDIS, Donis A.
La sintaxis de la imagen: Introducción al alfabeto visual. Gustavo Gili, Barcelona. 2004.
-MONSIVÁIS, Carlos. “Elogio (innecesario) de los libros”. [Documento .pdf] Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM. 2004.


2 comentarios:

  1. Hola Irene:
    Tienes razón en señalar que más que preocuparnos por los bajos índices de lectura, debemos ponernos a leer. Si bien los textos escolares son parte importante de nuestra formación, debemos simpre echar mano de la literatura, de los textos imprescindibles.
    Saludos

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  2. Sin duda alguna, la literatura es el mejor amigo en estos casos.
    ¡Leamos!, ¡leamos!

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