Tras un arduo proceso de producción del libro, el ente de tinta que está listo para ser leído se encuentra con un problema: necesita gente que lo lea. ¿Qué caso tiene que esté guardado en bodegas si no se va a leer? Ninguno. Por eso éste es un momento crucial para él.
Asegura Datus Smith que “si no hay lectores, no existe justificación para la existencia de la industria editorial” (1991: 110), de ahí que el proceso de distribución sea tan importante como lo es el diseño o la impresión. El departamento de ventas es el encargado de llevar a cabo la repartición del material, de ahí que se sugiera que este espacio debiera llamarse departamento de distribución. Ellos comercializarán con cuatro sectores: los clientes individuales, las instituciones, los vendedores al menudeo y los mayoristas. Pero la venta no tiene por qué detenerse en las barreras nacionales, éstos se pueden exportar. Sin embargo, las diferencias idiomáticas pueden resultar un obstáculo si no se cuenta con gente que pueda traducir el texto al lugar adonde se planea enviarlo. También hay que tener en consideración que la libre circulación de materiales impresos se puede ver interrumpida por problemas políticos, factores económicos y censura, inclusive. Es así que el proceso de venta de un libro consta de tres pasos fundamentales: la promoción (que el cliente conozca y se convenza de adquirirlo), la adquisición de pedidos (que la gente, librerías, escuelas y bibliotecas hagan sus pedidos) y la entrega de los libros solicitados (empacar y enviar los libros cotizados, y hacer la factura correspondiente). Datus afirma que “para poder proporcionar un buen servicio a los clientes, la editorial debe tener en existencia todos sus libros” (Datus, 1991: 117) y esto hoy es uno de los problemas frecuentes que enfrentan las grandes librerías pues en ocasiones uno corre con la mala fortuna de que el libro que necesita no lo tienen. “Nos debe llegar la siguiente semana”, le dicen a uno, pero pasa una semana, dos y tres y nada; usted sigue sin su texto. Esto se debe a diversos factores: que la bodega de la librería no sea lo suficientemente grande como para almacenar tantos volúmenes, que se agote la edición de manera rápida y no haya más ejemplares disponibles o simplemente la editorial no se esté poniendo en contacto con ellos. No obstante, si el libro no se vende tan rápido corre el riesgo de quedarse almacenado en bodegas susceptibles a filtrar agua o insectos devoradores de libros. Por tanto, el material quedaría completamente dañado y expuesto a que se generen gastos extras. Ya que ha sido registrado existen diversos factores que influyen en las ventas de los libros. Entre ellos se encuentra el precio al público (seis veces el costo de producción), el descuento (entre el 25 al 48 por ciento al libreros dependiendo del volumen del pedido), el crédito (el plazo que la editorial concede a sus clientes para liquidar sus adeudos luego de haber recibido los libros), la posibilidad de la devolución (sólo en caso de que esté a punto de terminarse una edición revisada), la promoción (campañas publicitarias), el servicio (precisión y rapidez; puntualidad y cortesía) y la calendarización (de la producción, publicación y promoción). Como podemos observar, la labor para poder sacar a la luz a un libro es ardua. De ahí que se necesite una intensa labor de trabajo en equipo: el departamento de ventas, de contabilidad, de investigación de mercado, los vendedores, los libreros, y así sucesivamente. Todo con tal de mover al libro. REFERENCIA: Datus C. Smith. “La venta de libros”, en Guía para la publicación de libros. UdG/ASEDIES-México, 1991.
A los primeros la editorial les vende directamente el libro. Esto se logra a través de la promoción o venta por correo, la librería misma de la editorial, los clubes de libros y suscripciones. En el caso de las instituciones, los mejores clientes son las bibliotecas y las escuelas. Las escuelas porque la gran mayoría aparte de trabajar con los libros de texto gratuito, buscan integrar material extra que elaborar editoriales como Santillana o SM Ediciones.
Los vendedores al menudeo entregan el libro al interesado por medio de varios métodos: librerías, clubes de libros, compañías que ofrecen libros por suscripción, vendedores ambulantes, entre otros. Los mayoristas, en cambio, son los intermediarios entre las editoriales y los vendedores al menudeo, pues son ellos quienes realizan la distribución a las librerías o instituciones. Su venta no es directa al lector, sino que realiza la venta final.
Para llevar un control específico sobre cada libro que se reparte existe una clave específica llamada ISBN (International Standard Book Number) que consta de 10 dígitos, de los cuales el primero corresponde al idioma y los restantes a la editorial y al título. 



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