
A partir de la introducción de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), la labor editorial busca hallar en sí misma un nuevo sentido en el cual tenga que reafirmar su papel como industria puesto que en la distinción soporte y contenido, “los nuevos soportes amenazan con restar el protagonismo absoluto a la edición en papel a la hora de transmitir y comercializar los contenidos” (Jiménez-Gil, 2009: 110).
Además, las brechas tecnológicas ha generado una pérdida en el valor simbólico-funcional de lo que actualmente es la “era Google” a comparación de lo que en su momento fue la “era Gutenberg” ha provocado un desplazamiento en el rol principal de consulta para los libros impresos pues ahora está siendo sustituido por el uso de Internet. Esto ha ocasionado que los editores tradicionales pongan en un serio cuestionamiento qué es lo que pasará con ellos. De acuerdo con Francisco Javier Jiménez y Manuel Gil, no se busca pensar si un soporte se impondrá sobre otro –como en algún momento se pensara que sucedería con la llegada de la radio y la televisión en su momento– sino aprender a “pensar en digital”, es decir, “no sólo para incorporar lo digital en la línea de negocio de la empresa, sino para adaptarse a un entorno que tiene sus propias reglas, su lenguaje y sus herramientas particulares. También supone comprender que los distintos soportes (papel y pixel) convivirán durante mucho tiempo y que pueden y deben apoyarse mutuamente, porque no se excluyen” (Jiménez-Gil, 2009: 111). Ésta sería la analogía que Alejandro Zenker de Ediciones El Ermitaño hace respecto a los nativos digitales y los inmigrantes digitales: “Los primeros son aquellas personas que nacieron y crecieron rodeados de dispositivos electrónicos; mientras que los segundos ya tenían el cerebro adulto cuando aconteció la revolución y rechazarlos era una cuestión generacional”. Pero, ¿por qué sentirse amenazados? Porque en la edición digital los usuarios son generadores de sus propios contenidos y además deciden qué publican y qué no, y bajo qué criterios lo hacen. “El autor puede ya no estar sometido a la dictadura del editor a la hora de crear un producto editorial. Ahora más que nunca, los editores han de replantearse cuál es realmente su cometido y función” (Jiménez-Gil, 2009: 111). De ahí el miedo a que los editores tradicionales estén preocupados por qué pasará con ellos. Lo que tendrán que hacer será seleccionar el producto que editarán pensando en función de la obtención de un feedback por parte de los lectores (audiencias), los cuales lejos de ser consumidores pasivos se transforman en co-productores activos. Esto es precisamente lo que sucede con la ciberliteratura o literatura colaborativa. Esto implica que se seguirá pasando por un proceso de corrección de estilo, pruebas y preimpresiones; maquetar el libro para enviarlo a la imprenta en offset. Para comercializar el libro digitalmente hay que rediseñar el archivo en .pdf de forma que sea adecuado para una versión de estas nuevas características. La cuestión involucra el surgimiento de un nuevo sector y una transformación empresarial ya que se ha creado una nueva cadena de valor del libro donde éste es “un objeto de consumo que debe competir en una sociedad con numerosas formas de ocio, y adaptarse a los nuevos lenguajes que el entorno digital está utilizando” (Jiménez-Gil, 2009: 113). Por lo tanto, se debe buscar la mayor distribución por medio de los canales electrónicos siempre tomando en consideración una relación circular donde sea posible efectuar una estrategia multidireccional de comunicación rica y comprometida de inicio a fin, desde cada una de las partes que participan en ese proceso. REFERENCIA: Francisco Javier Jiménez y Manuel Gil. “La edición en el entorno digital”, en Carmen Parvo y Manual de edición, Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), Colombia, 2009, págs. 110-127.
En el caso de la producción editorial en el entorno digital, la cadena autor-edición-producción-distribución-lector se modifica (mas no se elimina) en la edición-producción-distribución. Aquí la edición digital supone un cambio más allá de digitalizar los archivos en .pdf. Aquí no se busca imprimir un número determinado de ejemplares; al contrario, se busca comercializarlo como un e-book a través de la descarga de una plataforma informática.


Hola Irene:
ResponderEliminarTe felicito ampliamente por tu desempeño y la dedicación que pusiste a lo largo del curso. Es un gusto ser profesor de una alumna como tú.
Por supuesto que tienes la más alta calificación.
Te mando un abrazo y nos seguimos viendo en la Fac.
El gusto es mío profesor. Gracias por compartir una gran probadita del mundo editorial. Antes de iniciar el semestre tuve un breve acercamiento al medio y me generó inquietud por conocerlo. Tras el curso quedé más fascinada de él y más segura aún que quiero laborar ahí.
ResponderEliminarGracias por todo a usted y a Juan José.
¡Va el abrazo de vuelta y nos estamos viendo!