jueves, 6 de mayo de 2010

Sangría por aquí, colofón por allá


Una de las aspiraciones más importantes de todo libro es sentirse bien por dentro; desear que la comodidad esté presente en cada una de sus hojas, en cada una de sus partes íntimas –tan suyas pero tan manoseables y tentadoras– de manera que la estructura interna realce la vivacidad de su contenido.


Externamente, el caparazón de un ente libresco posee la siguiente estructura: Cubierta o primera de forros (nombre del autor[es], título, editorial); segunda de forros; páginas falsas u hojas de cortesía; falsa portada o portadilla (sólo el título del libro); frente-portadilla (nombre del traductor o ilustrador y colección); portada (nombre del autor, título, subtítulo, editorial, lugar de la editorial, año de publicación); página legal, datos que por ley lleva un libro: propietario de los derechos de autor, fecha de publicación, nombre y domicilio de la editorial, ISBN, leyenda de “Impreso en…”; dedicatoria; índice general o de contenido (lista de las partes de capítulos y subdivisiones del libro –es preferible ponerlo al inicio, pero también puede ir al final–); texto, cuerpo del escrito; apéndices o anexos; material gráfico; notas; bibliografía; vocabulario o glosario; colofón (nombre y dirección del impresor, fecha del término de la impresión y número de ejemplares); tercera de forros; y, cuarta de forros o contraportada (breve presentación del libro, currículum del autor o críticas de la obra).

Para poder determinar el tipo y tamaño de papel que el libro debe tener es necesario tomar en consideración que el tamaño de éste “depende en forma directa de las medidas en que se producen las distintas clases de papel” (Zavala, 2008: 27). Estos folios (in-folio) se pueden ir doblando hasta obtener el tamaño que se desee: cuartos, octavos, dieciseisavos, etcétera. No obstante, gracias a la existencia de los tamaños estándar del papel los diseñadores pueden recurrir a estas medidas preestablecidas (841 x 1189 mm para tamaño normalizado y 320 x 440 mm para tamaño clásico) para llevar a cabo sus trabajos de manera más fácil y eficaz.


La pregunta es ahora, ¿qué tipo de papel utilizar? Para poder responder a ello es necesario tomar en consideración la naturaleza del texto. Es decir, ¿predomina el texto sobre las imágenes o viceversa? Además, ¿qué gramaje, calidad, color, opacidad del papel se requiere? Todo lo anterior es necesario que se reflexione antes de mandarlo a imprimir pues de esto dependerá qué tan efectivo sea visual y táctilmente.


Sin duda, el tipo de lectura está determinado en gran medida por el tipo de papel al cual se recurre. Los alisados son de textura áspera y rugosa; los satinados, resistentes, ligeros y brillosos; el estucado o couché recibe un tratamiento adicional de caolín (arcilla blanca y yeso), haciéndolo aún más suave. Si se busca una impresión en offset (ediciones corrientes, sin ilustraciones) es recomendable el papel alisado o satinado; mas si lo que utilizarán son fotografías a colores es preferible el couché.


Adentrándonos a cuestiones más específicas plasmadas en el papel, encontraremos que una página contiene diversos elementos como: caja o mancha tipográfica (espacio que ocupa la página tipográfica sin los márgenes), cornisa (folio explicativo en la parte superior a la caja), folio (número progresivo en cada página). En el caso de los blancos, éstos pueden ser identificados a través de los márgenes (de cabeza, lomo, corte o pie mejor ubicados en la ilustración), los descolgados (espacio entre el límite superior de la mancha y el encabezamiento del capítulo) o bien, a través de las sangrías (española, americana, francesa, alemana).


Así, con cada una de estas combinaciones, cada libro es único en su estructura interna. La disposición de estos elementos permite jugar con estas posibilidades y presentar un libro sencillo sin mayor complejidad en la elección de tipografías, sangrías o papeles, siempre y cuando sea legible; sin embargo, si se escogen cuidadosamente estas microestructuras de acuerdo con las necesidades mismas del texto, mejor será el resultado con el cual el lector disfrutará con mayor intensidad el goce de leer el libro.


REFERENCIA: Zavala Ruíz, Roberto. “El libro por dentro y por fuera”, en El libro y sus orillas, UNAM, México, 2003, p. 21-33, 51-62.


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